MegaDrive Mini es puro amor

La nostalgia hace acto de presencia con más fuerza que nunca.

Quería resistirme, lo juro. Tenía incluso un plan de actuación, parecido al que hice con Playstation Mini: esperar a que baje mucho de precio para comprarla. Playstation Mini me salió por 30€, e incluso así me lo llegué a pensar. Con Nes Mini lo llevé al extremo, la consola la compré hace un mes por 38€… una buena transacción.

Pero esta vez me ha pasado igual que con Snes Mini, no he podido resistirme. No sé si ha sido debido a la nostalgia (fue mi tercera consola pero una de las que más disfruté), o quizá al miedo de que se terminara el stock y no lo repusieran. El caso es que finalmente me hice con una.

Mira que es bonita esta MegaDrive Mini.

Al ver la caja ya se nota el cariño y el buen hacer de Sega. MegaDrive Mini vale la pena aunque solo fuera para poner la caja en la estantería… es una delicia solo mirarla, con esos mandos preciosos y ese Sonic saliendo de detrás de la consola.

La caja de MegaDrive Mini es una réplica perfecta.

Al abrir la caja lo primero que aparecen son los mandos… réplicas idénticas a los originales. Pero cuando digo idénticas quiero decir que parece que los hayan estado guardando en un almacén durante 30 años para venderlos en el futuro: el tacto, el tamaño, el peso, el clic de los botones, todo… es desquiciante ver lo bien recreados que están y lo cómodos que, extrañamente, resultan para jugar.

Es un gustazo jugar a Sonic con este mando.

Pero extraigo la consola y es cuando se me cae el alma a los pies. ¡Qué preciosidad! Es perfecta, idéntica. Los mismos mates y brillos, los mismos botones, clavaditos, con el mismo recorrido; o la tapa de los cartuchos, que aunque no es funcional, se agradece que le hayan puesto las pestañas movibles. El tamaño: ¡es igual de grande que un mando!

La ranura de los cartuchos de abre.
Los botones son puro amor.

Voy corriendo a conectarla. On. Y salta ese fantástico menú, con esa música exquisita que nos retrotrae a los años 90 y esa pila de buenos juegos esperando a ser jugados. Me pongo a probar unos cuantos: Sonic, Street Figther II, Gunstar… No os podéis hacer una idea de lo bien que se mueven los juegos; seguramente sea la primera vez en mi vida que pueda afirmar que una emulación se siente exactamente igual que con la máquina original… y esto tiene mucho mérito viniendo ya de tres consolas Mini.

Por tanto quiero cerrar este unboxing de la MegaDrive Mini diciendo que, si tuvisteis esta consola de pequeños y os hace ilusión recuperarla, no os lo penséis más. Vale mucho la pena.

Y ahora os dejo, que Sonic 2 me está esperando.

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Nunca dejé de soñar despierto, ni a pesar de la edad, de los convencionalismos o los prejuicios... y eso fue gracias a los videojuegos, sin los que yo no seria yo ni me podría reconocer frente al espejo.

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